jueves, 5 de febrero de 2009

El wedding planner


Si en el capítulo anterior de este blog te estremeciste hasta la médula al ver lo que son los trámites para un casamiento y ahora estás esperando un donante, preparate porque todavía no sabés lo que es armar la fiesta, por pequeña que sea.


Esto no arranca 28 días antes... empieza como 6 meses antes, cuando tu futura esposa te sugiere por vigesimocuarta vez si no te parecería lindo usar alianzas, y ya que estamos pasamos por el registro civil, y bueh... por qué no festejarlo con una pequeña reunión con los íntimos. Y finalmente accedés, como ella también accede a ir a la cancha de Platense a ver Atlanta-Brown de Adrogué (ese fue otro capítulo de este blog, no te puedo explicar todo).



Y te ponés contento y te envalentonás, y decís "vamos a anunciarlo a la familia". Y la familia se alegra, y está tan alegre por vos que dice "yo lo quiero ayudar con la fiesta", y ahí te empieza a cambiar todos los planes. La fiesta íntima ya es un poco más grande, hace falta al menos un salón, y no puede faltar el tío Romualdo al que no ves desde que se juntaron para mirar la derrota de Argentina con Bélgica en la inauguración del Mundial '82, pero tiene que estar.


Cuando tu vieja te está por prender fuego cual Juana de Arco porque dijiste que no pensabas invitar a las novias de tus compañeros de trabajo, porque no las conocés, empezás a pensar que todo fue un error. Encontrás una solución momentánea, que es dejar de contarle los planes a tu madre. Gran acierto.


De todas maneras, mamá no es la única que opina. Las amigas de tu futura mujer están desesperadas porque no va a haber baile. Tu cuñada amenaza con llevarte a juicio penal (un penal que no fue) porque no querés fotógrafo ni invitaciones. Nunca habías discutido con tu pareja y ahora se van a la cama enojados porque ella, que es católica, quiere que haya música judía, y vos antes que eso preferís un coro de canto gregoriano.


La cuestión es que después de rosquear más que para votar las retenciones en la cámara de diputados, finalmente todo se resuelve. Vos y tu mujer se ponen de acuerdo, planifican todo y sale bien. Mamá te felicita. Se olvidó del tío Romualdo.

No te paso la fórmula porque la voy a patentar. Desde ahora me voy a dedicar a ser wedding planner.

5 comentarios:

=Jota= dijo...

Lo de la novia católica con la música judía es tan gracioso como cierto y habitual

Igual, lo prometo: yo NUNCA me voy a casar con una de esas fiestas. sic sic

AYE dijo...

Yo creo que un buen wedding planner tiene que saber hacer un nudo de corbatas a la perfección, para ayudar al novio y a algún que otro invitado.
Y creo que fuiste algo así como el mejor Ortega: gambeteaste todo tan bien que te salió redondo.

Joel Kotlar dijo...

Es una suerte que después de un casamiento me puedan comparar con el mejor Burrito Ortega, cuando la mayoría, luego de una fiesta, suele ser comparado con la peor versión del jujeño.

Etienne dijo...

No sé que va a resultar de este comentario, pero bueh!
Si tu objetivo es llegar vivo a los 100 años, al casarte has dado un par de pasos .... en la dirección incorrecta.
Saludos!

Cuentos Barranqueros dijo...

Felicitaciones por su blog. Es entretenido al mango.

Saludos,