jueves, 19 de febrero de 2009

Biografía

Si ponés "Ernesto Kotlar" en google, no aparece nada. Es injusto para un tipo que no paró de hacer cosas, salvo cuando dormía siestas kilométricas.


Ernesto Kotlar nació el 17 de febrero de 1939 en Tucumán, y fue recibido con tristeza por su madre, que esperaba una nena después de haber tenido dos hijos varones. Sus padres, el ucraniano José y la argentina Dora, decidieron venir a Buenos Aires cuando él tenía 5 años. De todas maneras, le quedó una simpatía por San Martín de Tucumán, aunque sus preferencias se inclinaban hacia Boca. Igual, el fútbol no era una parte importante de su vida, a tal punto que ni siquiera vio las finales del Mundial '86 y del '90.


Fue un alumno apenas decente en el Hipólito Vieytes, donde se bancó un 1 en historia por no usar luto tras la muerte de Eva Perón. No era peronista, tampoco radical. Militó en la Federación Juvenil Comunista. Siguió contabilidad pero no terminó. Mientras estudiaba, trabajó. Entre otras cosas, creo que tocaba timbres para vender no sé qué, seguramente luchando contra su timidez.


Se casó joven, tuvo dos hijos y se separó. Se volvió a casar, ya un poco más grande, en 1973. Como no había ley de divorcio, se fue con Julia hasta Yacuiba, en Bolivia, para cumplir con los trámites legales. 9 meses y 6 días después de la boda tuvo a su tercer hijo, el primero con Julia. Y 17 meses y 8 días más tarde de aquel nacimiento, fue mi turno. 2 años después, murió su padre, que tenía alzheimer en una época en la que no se llamaba así. Un día, caminando por la playa de Villa Gesell, me dijo que no quería morirse en ese estado. Su deseo se cumplió.


En aquellos años '70 tenía una fábrica de cinturones. Después, empezó a trabajar en una empresa constructora de casas prefabricadas. Parece que la cosa anduvo bien, porque en 1979 nos mudamos y en 1981 hicimos un viaje en el que pasamos por París, Tel Aviv, Jerusalem, Masada, San Francisco, Los Angeles, Disneylandia, y tal vez me olvide de algún otro destino.


Podía hablar de cualquier cosa menos de deportes. Pese a eso, sus dos hijos menores se dedicaron al periodismo deportivo. Le gustaban los tangos, la música clásica, y un violinista llamado Hernán Oliva. Sin tener un gusto refinado por la literatura, leyó montones de libros. Asimov, Agatha Christie, Simenon, Saramago, libros de historia e inclusive historietas, con Asterix a la cabeza. Cuando leía recostado a Fontanarrosa o a un tal Ephraim Kishon, se reía y movía toda la cama. Llegó a pesar 100 kilos y 80 los tenía alojados en la panza.

Físicamente, tenía un aire a Miguel Bonasso y a Alberto Cortez.




Hablando de libros, a mediados de los '80 tuvo su propia editorial, Per Abbat, pero no duró mucho. Lo suyo era la construcción. Ya con su propia empresa, su idea para hacer negocios fue coherente con sus ideales políticos. Casas para gente con salarios escasos, a cuotas muy bajas y a pagar durante una pila de años. No le fue mal, aunque le gustaba más vender que controlar y por eso le robaron bastante.


Las crisis económicas le complicaron la vida. Literalmente. Se infartó el 1º de mayo de 1991, poco después de cerrar una oficina. Se murió en 2005, luego de otro cierre, y cuando estaba buscando la forma de hacer negocios con el reciclaje de basura. En ese momento tenía 2 nietos. Ahora tiene 2 más.


Ernesto Kotlar hubiese cumplido 70 años el 17 de febrero. Reparada la injusticia de google. Otras injusticias son un poco más difíciles de corregir.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

La injusticia de Google ha sido reparada en verdad. Pedazo de hombre la verdad, tu papá. Leyéndote, dan muchísimas ganas de conocerlo y hasta de ser su hijo por un ratito. Ojalá yo pudiera escribirle una cosa así a mi propio padre, quien sí está vivo, pero a quien no conozco tan profundamente. Como decís, hay injusticias mucho más difíciles de reparar. También, otros tipos de muertes, tan irremediables y dolorosas como las de tu papá. Te acompaño en tu dolor y siento alivio al saber que hay hijos como vos. Te felicito.

Sergio Marziano dijo...

Estimado Joel...
Tuve la suerte de conocer a tu padre porque yo soy arquitecto y trabaje un tiempo en la empresa de prefabricadas que vos mencionas en tu reseña...
La oficina estaba en Av.de Mayo, en el pasaje Barolo, y la fabrica en Gregorio de Laferrere,..en esa epoca me tomaba el 88 a las seis de la mañana y el que dormia siestas kilometricas era yo....
Tengo en muy lindo recuerdo de Ernesto, y del trabajo que haciamos en general,..de alli me quedo un gran amor por las prefabricadas o vivienda industrializada como soliamos llamarla.
Tu padre, aunque yo no lo trate muchisimo,..era una persona afable, tranquila, se notaba que era timido,..pero si lo agarrabas despues de hora podias hablar de cualquier tema,...especialmente de politica...era muy emprendedor,..y creia a veces en personajes que eran rarisimos y que le venian con un proyecto para hacer casas de fibra de vidrio, por ejemplo,..y que no tenian mucha idea...
Me acuerdo que una vez de una fabrica de Brasil, lo habian invitado a ir a Gramado y Canela a ver unas casas y seria que el no tenia muchas ganas,...que me ligue el viaje (un fin de semana), con la unica condicion de traerle un informe de lo que habia visto...!
Cuando en el 91 el tuvo que cerrar parcialmente la empresa, yo deje de trabajar alli y de verlo asi que no puedo agregar mucho mas pero algun dato me llegaba a traves de un conocido comun.
La verdad era un tipo barbaro y tenia un empuje fenomenal, una capacidad de creer en la posibilidad de hacer, envidiable...!
Me encanto tu reseña,...y te agradezco este recuerdo de Ernesto...!
fuerte abrazo
sergio marziano(smarziano@gmail.com)

Anónimo dijo...

Yo lo conocí desde el principio cuando trabajaba como contador con los zokolowicz que luego lo ayudaron a largarce con las viviendas y a Sergio marciano lo recuerdo como un joven estudiante de arquitectura de barvita y con su morral jeje y no recuerdo cual de los hijos de kotlar gano unos buenos mangos en un concurso de preguntas y respuestas sobre deporte. En fin hernesto un muy buen tipo . confiaba mucho en algunos chantas...

Joel Kotlar dijo...

Gracias por tu comentario. No sé quién sos pero siempre está bueno ver que alguien recuerda a mi viejo como "un buen tipo".