
El último sábado, los que hacemos este blog festejamos las mil visitas. Diseñadores, webmasters, administrativos, departamento comercial y encargados de los contenidos, todos nos juntamos a las 9 de la noche en un lujoso restaurante de Puerto Madero. A las 9 y 5, ya estábamos corriendo por la Avenida Alicia Moreau de Justo con algunas paneras como precioso botín, aunque nadie se avivó de agarrar manteca.
A las 9 y media, nos sentamos en una plaza a disfrutar de nuestra cena (el pan), y conversamos sobre la asombrosa popularidad alcanzada en apenas 8 meses por este sitio que empezó como un emprendimiento personal y hoy en día recibe a multitudes. El clima de algarabía era casi unánime. El único que no estaba en la misma sintonía era el contador (contador de visitas), y me acerqué para conocer las razones.
- ¿Qué pasa que no estás contento como el resto, Conti (no es el apellido, es el apodo)?
- Mirá... de las mil visitas, 914 son de la misma computadora: la tuya.
- Buenísimo -le dije- ¿O sea que realmente 86 personas se metieron al blog?
- No, las otras 86 son de la computadora de tu trabajo.
La noticia me cayó como si me hubiera comido 40 panes, con miga incluida, y sin bebida. Bah, en realidad eso era lo que había pasado, así que en realidad no me había alterado en nada.
- ¿Lo saben los auspiciantes? -le pregunté.
- Sí, por eso no tenemos ninguno...
Ahí mismo, convoqué a ese fantástico grupo humano que es clave para poner este blog en funcionamiento, para hacer una tormenta de ideas y lograr que alguien ingrese a nuestra publicación. Diez de ellos abrieron sus paraguas al escuchar la palabra "tormenta", y los dos que habían entendido la propuesta dijeron a coro y con los ojos encendidos: "¡Pornografía!"
Los despedí a todos, pagando la correspondiente indemnización porque ya estoy cansado de ir a Tribunales, salvo a Conti, la única persona razonable que me rodeaba. Él fue el que me dijo: "Dejá de escribir de Atlanta, no le interesa a nadie. Y tratá de actualizarlo más de una vez por mes".
Pese a su declaración rayana con la blasfemia, creo que tiene razón. Mañana me voy a ver a Atlanta, el otro sábado salgo de vacaciones, y a la vuelta veo qué se puede hacer. Hay que aprender a escuchar los buenos consejos.